La Estonia de los 90 era un sitio muy extraño. Recién salida del comunismo, el país estaba intentando adaptarse al capitalismo occidental tan rápido como fuera posible, y qué mejor forma que la imitación.

En el resto de Europa, el dance chatarrero estaba muy de moda, véase Rebeca y su Duro de Pelar en España. Eso lo vieron en Estonia y decidieron que ellos querían ser iguales. Añádele unas ideas predominantes sobre lo que son los roles de género que ya eran anticuadas para aquel entonces, y lo que tienes es a dos mazacotes cantarines persiguiendo a una chiquilla visiblemente incómoda, cantando en un playback terrible mientras la cámara le enfoca a todo menos a la cara.

Eso es lo que es esta canción estonia, titulada Ämblikmees (que en español significa «hombre araña»), del grupo Push Up. En su momento sonó bastante en las discotecas del país, y mis amigos estonios me dicen que es una de esas canciones que todo el mundo ha escuchado, pero que nadie realmente recuerda ya. En 1999, el álbum que contenía esta canción ganó el Premio de la Música Estonia al mejor Álbum de Debut.

La chica, que por cierto se llama Margit Margusson, nació en 1983, así que tenía unos 16 añitos y era menor de edad por aquel entonces. Hoy en día está muy alejada del mundo de la «música»: vive en Londres y trabaja en una consultoría financiera.

Los chicos se siguen dedicando al mundillo. Uno es Juss Tamm, que ahora canta para el Coro Nacional de Estonia. El otro, Mikhel Mattison, es compositor, y entre sus grandes éxtios están las canciones que Estonia presentó a Eurovisión en 2013 («Et uus saaks alguse», cantada por Birgit Õigemeel, que quedó 20º) y en 2018 («La Forza», cantada por Elina Nechayeva, que quedó 8º).

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